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Viernes 25 de mayo de 2012 | actualizado a las 15:58 horas |
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Una cosa es el incremento de tasa del crimen y otra desatar una oleada de criminalidad
Una cosa es una sociedad azotada por el hampa y otra distinta una sociedad hamponizada por una deliberada política y acción gubernamental. Primero es el lenguaje presidencial incendiario que, bajo el discurso engañoso de la igualdad y la causa revolucionaria, estimula el robo, el secuestro, el crimen, la invasión de propiedades, el arrebato callejero a mano armada, el asalto personal e incluso colectivo de pueblos, comunidades o centros comerciales enteros.
Luego está la complicidad delictiva de fuerzas policiales que intercambian con los maleantes impunidad a cambio de sumisión como fuerza de reserva o participan en el negocio hasta el punto que ya nos es imposible distinguir entre bandidos y policías, aunque puedan existir algunos que realmente intentan preservar la seguridad ciudadana. Y ¿quién importa y distribuye las sofisticadas y actualizadas armas que usan los maleantes?
Luego está el daño moral efectuado sobre toda la población reducida progresivamente a la mendicidad de la dádiva oficial, al rebusque ilícito, a la mordida o tajada en una infinita corruptela estatal.
Luego está la importación de mercenarios y terroristas extranjeros, constituyendo células de enemigos internos para vigilar y reprimir a los ciudadanos.
Una cosa es el incremento natural o excesivo de una tasa del crimen y otra muy distinta desatar sobre una sociedad una oleada de criminalidad para someterla. Ese es el verdadero crimen y es de lesa patria; cometido por un gobierno contra la población.
El costo de semejante táctica para reducirnos y someternos por el miedo a un régimen comunista, en contra del deseo mayoritario expresado en múltiples sondeos de opinión, es monstruoso y de difícil rescate. Pero es una prueba para esta población. La primera resistencia es moral, es resistir la deshonestidad y el negocio fácil; es cultivar los valores del esfuerzo y trabajo honestos; es enfrentar creación a la destrucción y amor al odio. Es insistir en nuestra tradicional buena disposición.
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