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Domingo 12 de febrero de 2012 | actualizado a las 11:54 horas |
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La lección más importante que nos dio la temporada beisbolística es la aplicable a nuestro devenir político
La verdad es que los venezolanos tenemos que estar muy agradecidos con la lección que nos acaba de dejar esta temporada del beisbol profesional; aunque no deje de ser irónico que alguien a quien no le gusta el beisbol considere muy útil la lección que nos ha dejado.
Veamos con atención cuáles son esas lecciones que amerita desbordar las páginas deportivas, y algo asombroso: que un articulista muy lejano de ese deporte crea en ellas y se las agradezca. Como todos recordarán, cuando comenzó el enfrentamiento definitivo entre los dos grandes rivales -nuestro "bipartidismo" beisbolístico- todo parecía indicar que el equipo Magallanes era imbatible, inalcanzable. Incluso César Miguel Rondón dedicó un programa, en exclusiva casi, a hacer los servicios fúnebres de los Leones del Caracas, la mañana siguiente a su vergonzosa derrota del 9 a 0.
Esa mañana, nadie de los que allí hablaron, comenzando por los caraquistas, daba medio por su equipo y todo se desarrolló como un "pacto de caballeros (&y damas)" que trataba de no echar sal en la herida y pedir benignidad a los vencedores. Que a los días el Magallanes repitiera su triunfo, aunque esta vez no tan amargo, sólo confirmaba lo que parecía inexorable.
Nadie podía imaginar que estábamos por ver varias cosas en cadena. La primera de ellas, que el dicho que se le atribuye a Yogui Berra ("El juego no termina hasta que se acaba") no es un simple dicho afortunado, ni algo que se afirma con contundencia -como siempre hace la gente que está a punto de tirar la toalla- para darse ánimos. No, esta vez resultó una afirmación profética.
La segunda, que un derrotado además de una paliza también recibe lecciones y que, lo que en resumidas cuentas cuenta es su capacidad de aprender de ellas y llevar a la práctica lo que asimiló, sin importar el tiempo que a veces le tome. ¿No fue eso lo que hicieron los prusianos después que las tropas francesas de Napoleón les derrotaron en la batalla de Jena? Lo cobraron décadas después, en la guerra franco-prusiana que libraron con éxito frente al mismísimo sobrino de aquel Bonaparte, acabando con su Segundo Imperio.
La tercera lección reside en la capacidad de los vencidos para ver sus posibilidades y sus fortalezas, y afincarse en ellas. Cuentan que el famoso ministro inglés Pitt se fue a la tumba plenamente convencido de que Napoleón era invencible, sin sospechar que serían los ingleses, precisamente, quienes terminarían dándole la puntilla, valiéndose de aquello en lo que eran buenos: su dominio del mar, por ejemplo.
Podríamos ampliar estas páginas hurgando en muchas otras lecciones que estos días nos han brindado, pero eso se lo dejo a la imaginación, aguda atención a los detalles y la dedicación a escudriñar lo que pasó, a los fanáticos de uno y otro equipo. A los del Caracas, para ver cómo se ensambló la victoria final, la cual, estoy seguro, muchos de ellos ni imaginaban se daría; y a los del Magallanes para ver qué hizo que comienzos tan auspiciosos, y aplastantes para sus enemigos, terminaran en catástrofe. Mi intención es tomar de lo que pasó ejemplo para una batalla fundamental: la nuestra.
La lección más importante que nos dio la temporada beisbolística es la aplicable a nuestro devenir político, donde parece que el equipo en el poder casi absoluto cree y confía en mantener una ficción: que es posible -y hasta recomendable- gobernar sólo para una minoría, con la absoluta exclusión del resto. Y lo que es peor, creer que tal situación es sostenible.
Desde el 9 a 0 de su reelección presidencial, con la mayor distancia sobre su apabullado contendor, la temporada comenzó a ponérsele color de hormiga, aunque se le presentara engañosa. Se resistió a ver que diciembre de 2007 no fue ni aislado ni excepcional y sólo vio para otro lado cuando obtuvo puntuales derrotas en noviembre de 2008. La más peligrosamente engañosa fue, por supuesto, la del triunfo de la "enmienda reeleccionista" hace sólo un año.
Nunca se hizo la pregunta clave: ¿para qué sirve el "derecho" a la reelección cuando la mayoría abrumadora ya no te aguanta más? Tampoco vio un hecho fundamental: que esa popularidad, esa legitimidad, eran compradas. Por más dólares, apoyo seguro. Si bajaban o escaseaban, apoyo inseguro primero, y ninguno después.
Otro efecto más escondido, estamos por verlo este año bicentenario: dinero abundante, sin nada que comprar, deviene una granada en la mano. Y ya comenzaron la escasez y los precios por las nubes. ¿Habrá llegado el "adiós luz que te apagaste"?
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